28/07/2019 – 

CASTELLÓ. La mayoría de los españoles cuando escuchan hablar de artes marciales saben poco más que lo que han visto en las películas del incombustible Jackie Chan. Pero pocos conocerán que Castellón es una de las provincias españolas con más potencial a nivel mundial en estas disciplinas orientales.

Escondida detrás de una de las grandes superficies comerciales, en el bajo de un edificio cercano al parque Ribalta, se encuentra la escuela Lung Tao. Un modesto rincón del que nadie podría pensar que han salido, entre otros, una subcampeona del mundo y 12 veces campeona de España en Choy Li Fut –Elena Villalonga-, una campeona internacional IMAF en la categoría mano vacía y arma corta –Carmen Pérez-, o un cinco veces campeón de España y subcampeón europeo en la modalidad de Sanda –Esteban Giménez-.

El impulsor de este mundo de las artes marciales chinas en la provincia fue el maestro Rafael Julián Palanques. Una aventura que le ha llevado desde Castelló hasta Taiwán, pasando por los Estados Unidos y que se remonta a finales de los años 70: «Yo trabajaba en Lucena y me enteré de que se practicaba Kung Fu en Tortosa (Tarragona), entonces después de trabajar cogía el tren hasta Tortosa, hacía la clase y volvía». Así estuvo durante dos años hasta que decidió montar una escuela en Castelló, la primera escuela de Kung Fu de la Comunidad Valenciana. Durante estos cuarenta años de relación con las artes marciales, Palanques ha sido director técnico en numerosas escuelas de artes marciales hasta llegar a Lung Tao, que abrió en 2002.

El universo de las artes marciales esconde un amplio entramado de especialidades. En la escuela Lung Tao, los deportistas se preparan para lo que se conoce como Wushu, que a su vez tiene un gran abanico de modalidades. El Wushu engloba las artes marciales chinas y «lo primero que tenemos que diferenciar son el tradicional del moderno», explica Carmen Pérez. Dentro del tradicional hay estilos internos, el más conocido de ellos es el Tai Chi, y externos, como el Choy Li Fut -es el que practica Elena Villalonga- y hacen lo que se llama katas, secuencias de movimientos de exhibición, pero que no incluyen la lucha. Mientras que, el Wushu moderno, al que pertenece el Sanda, modalidad de combate que practica Esteban Giménez, sí que incluye el combate.

Las artes marciales no son solo una disciplina deportiva, sino que llevan asociadas unos valores y un modo de vida.«Esto es muy importante porque son valores que se están perdiendo en la cultura occidental, como el respeto a los mayores, el compañerismo, la ayuda mutua, y las artes marciales chinas dan mucha importancia a eso», comenta Pérez.»Yo cuando empecé era joven y tenía mis cosas en la cabeza, salía de fiesta y gracias al entrenamiento diario de horas y horas la mente te va cambiando. A mí me ayudaron mucho», cuenta Giménez.

Falta de apoyo y visibilidad

El Wushu, a pesar de ser un deporte minoritario, está reconocido por el Comité Olímpico Internacional y estuvo considerado para ser incluido en los Juegos Olímpicos de 2020. Pero esto no significa que vivir de este deporte sea posible. A pesar de haber sido campeona de España doce veces y subcampeona en el Mundial celebrado en China en junio, este deporte no proporciona a Elena ninguna estabilidad económica y ha de compaginarlo con un trabajo, al igual que sus compañeros, ya que al no ser considerados deportistas profesionales, de momento, no perciben ninguna compensación económica por sus victorias.

Para los patrocinadores son casi invisibles: «Patrocinios si te los buscas tú puede que los obtengas, si no, no te va a venir a buscar nadie porque es un deporte minoritario y no tiene mucha visibilidad». Esta circunstancia también ocurre con las federaciones y es que cuentan que en su última competición internacional solo les pagaron los chándales, mientras que el viaje hasta China tuvieron que costeárselo ellos mismos.

El apoyo institucional también es escaso en España: «Yo estuve en Taiwán y nos recibió el primer ministro y el alcalde de la ciudad donde se hizo la competición» comenta asombrado el maestro Julián Palanques. De la misma forma que lamentan que a nivel mediático tengan nula visibilidad: «Los deportes minoritarios no están nada considerados, no se sale del fútbol, baloncesto o tenis».

Esta situación contrasta con la que viven cuando salen a competir a otros países. «Cuando ganan campeonatos fuera las televisiones les hacen entrevistas. Son tratados como figuras», cuenta el Maestro Rafael. Y en los países orientales «todo el mundo es muy amable, se toman muy en serio este deporte, te agradecen y valoran muchísimo que te hayas pegado un viaje de casi 10.000 kilómetros para ir a hacer algo que para ellos es muy normal. Vas por la calle y todo el mundo de pide fotos», explica Elena.

«Cuanto más tiempo libre tienes, puedes dedicarte más al entrenamiento y mejor te sale la competición» confiesa Carmen Pérez, algo que dota de más valor si cabe el sobresfuerzo que hacen estos deportistas, que tienen que compaginar los entrenamientos exigentes para estar en la élite de las artes marciales con sus trabajos paralelos.

«El sacrificio es porque te gusta, tienes aspiraciones de llegar a algo por una motivación personal más que por motivaciones económicas», aclara Julián Palanques.

Carmen, Esteban y Elena seguirán trabajando duro desde la escuela del Maestro Julián Palanques para demostrar que a pesar de provenir de un sitio modesto en una provincia de un país occidental, pagando sus propios gastos en las competiciones, es posible batir a los rivales más grandes del mundo del Wushu.

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