Cuando una persona empieza el estudio y la práctica de las artes marciales, este entra en un gimnasio o en una escuela con gran ilusión, empieza con las posiciones de piernas, técnicas base de puño, patadas sencillas, guardias, bloqueos, etc. Clases semanales, práctica en casa, tiempo y más tiempo. Poco a poco el estudiante va ganando en fuerza, habilidad, técnica y conocimientos. Un día el estudiante dice: «Quiero competir», empieza a entrenar más fuerte, a subir la intensidad, a invertir más tiempo.

Los primeros campeonatos son inciertos, puede cundir el desánimo, pero no, sigue adelante. Poco a poco se van consiguiendo mejores resultados y se llegan a las finales; pero si el adversario tiene calidad cuesta mucho ganar, a veces se gana, pero no siempre.
Quiere llegar a más, sigue adelante, pasa el tiempo, al final consigue ser el número 1 del ranking, un gran campeón.

Resumiendo, las cosas no son fáciles, no llega el hada que te toca con su varita y dice «Tu serás el campeón», no, hay que invertir mucho tiempo y dinero en entrenamientos y formación, conseguir pulir la piedra hasta convertirla en diamante y, una vez conseguido, hay que seguir entrenando como el que más.

Pocos llegan, muchos se pierden por el camino por falta de una voluntad fuerte y por un gran deseo de obtener grandes resultados en poco tiempo. Por eso los que llegan, son el orgullo de sus profesores y maestros. Pero aún surge un problema más cuando se llega arriba, algunos egos son incontrolables y se apoderan de esta persona; hay que controlar esto porque sino la caída es más rápida que la llegada, y es una pena después de tanto esfuerzo y tanto tiempo.

Maestro Rafael Julián Palanques

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